¿Por qué no es Navidad todo el año?

Navidad

Si tengo que ser sincero, yo odio las fiestas navideñas.

Para mí no son un motivo de alegría sino de estrés y de angustia, sobre todo por la “obligación” de tener que hacer regalos, sí o sí.

Y no es porque sea un tacaño o un anti-social, nada de eso, simplemente es que me gusta hacer regalos cuando me apetece, cuando me asalta el sentimiento de hacerlo y no en una fecha concreta en que, en la mayoría de los casos, no he tenido la inspiración adecuada para encontrar algo con lo que me sienta bien como “regalador”.

Pero no es solo por este aspecto, que puede ser algo insignificante.

El hecho es que la Navidad no me inspira recuerdos especialmente gratos de mi infancia y, tal como somos los seres humanos, cuando los estímulos que recibimos nos hacen conectar con recuerdos negativos, las sensaciones que nos producen (aunque sea al cabo de los años) difícilmente podrán ser positivas.

Estoy seguro de que somos millones las personas que pasamos por las Navidades con tal mezcla de emociones que nos llevan, más que a vivirlas con ilusión, a “sufrirlas” de la mejor manera posible.

Por un lado, siempre tengo unas tremendas ganas de que se acaben, para sentir que queda atrás la enorme tensión de la búsqueda de los regalos y la responsabilidad de conseguir hacer “lo correcto” con todo el mundo. Esa agobiante “necesidad de contentar” a los demás también forma parte de mi triste pasado, en el que yo fui siempre una persona muy complaciente, por miedo a perder el “afecto” de los que tenía a mi alrededor; otra característica que me encadena a los antiguos fantasmas de mi infancia y de mi juventud.

Por otra parte, soy un padre separado, cosa que podría no ser tan importante si no fuera por el hecho de que, también por cuestiones pasadas, la relación con mis hijos no es todo lo fluida y afectuosa que me gustaría que fuera y, como estas fechas parece que lo “normal” es que se amplifiquen las emociones y los sentimientos que se generan en torno a las familias, en mi caso, lo que vivo de forma aumentada es la falta de lo que me gustaría sentir por parte de las personas que debería notar más cerca de mí. Y digo esto sin el más mínimo reproche hacia mis hijos: ellos solo son unas víctimas inocentes de mi pasada “época oscura”, de la que estoy cosechando unos frutos que nunca tuve la intención de sembrar.

Y, en el lado contrario de este ring de boxeo emocional, vivo las sensaciones alegres -o esperanzadoras, más bien- que me reporta la familia de mi pareja actual, que viven las Navidades con gran alegría e ilusión, aunque no sin sus dosis de nervios, enfados y decepciones ocasionadas por viejas rencillas o por desencuentros más contemporáneos. Pero, aún así, lo que percibo en las reuniones navideñas con mi pareja es mucho más halagüeño que lo que vivía en mi casa, de pequeño, por lo que intento aferrarme a ello como el náufrago que encuentra un trozo de madera en medio del océano.

Y, ya para acabar de arreglarlo y hacerme sentir en el Dragon Khan de las emociones, en estas fechas me siento abrumado por los miles de muestras de solidaridad que inundan las redes sociales y los medios de comunicación, en beneficio de los más desfavorecidos.

Maratón navideñaRecogidas masivas de alimentos, maratones televisivas para recaudar fondos destinados a hospitales y organizaciones solidarias, campañas de recogidas de juguetes, vídeos con escenas de ayuda al prójimo, llamamientos a la paz y la solidaridad entre los seres humanos, carreras solidarias, treguas en guerras (hubieron casos muy famosos en la I y IIGM), conciertos y espectáculos solidarios con estrellas famosas, incremento de las campañas de captación de socios para ONG’s, subastas y fiestas con fines benéficos (algunas a muy alto nivel de “personalidades”), venta de innumerables objetos, descuentos y ventajas para colectivos vulnerables, canciones para pedir donativos, publicidad lacrimógena, campañas de concienciación para la solidaridad, discursos institucionales; por no hablar de la enorme cantidad de mensajes que nos cruzamos para desear a nuestros familiares y amigos que tengan paz, felicidad y amor en estos días.

No sé si me he dejado algo en el tintero.

¿Y creo que esto está mal? pensará más de uno al leerme.

¡Claro que no!

Lo que considero que “está mal” ¡es que esto NO PASE DURANTE TODO EL AÑO!… o que ocurra a un nivel infinitamente menor.

¿Es que no se da el drama de los refugiados durante todo el año?

¿Acaso no hay SIEMPRE niños -y adultos- en hospitales, sufriendo por estar afectados de cáncer o de enfermedades “raras”, muchos de ellos de familias con pocos recursos económicos?

¿Las personas sin techo o que malviven en la auténtica miseria, consiguen “hibernar” durante once meses al año y solo despiertan de su letargo para “sufrir” en diciembre?

¿Solo se acuerdan los huérfanos en Navidad de que no tienen una familia con la que disfrutar y que les cuide y les ame?

Las guerras ¿solo matan y violan a personas al final de cada año?

¿Solo hay personas que SUFREN en Navidad?

Ojalá fuera así, pero no es verdad.

IndigenteLo que parece es que únicamente estemos dispuestas a VERLAS cuando llegan estas fechas.

Solo SOPORTAMOS esas duras realidades en estos momentos en los que ¡oh, el Ser humano sea loado! se nos facilitan los medios para acallar nuestras conciencias de una manera cómoda para nosotros: ayudándonos a que hagamos una pequeña aportación que nos dicen que va a ayudar a montones de personas -si son niños mejor, claro- y, cuando lo hemos hecho, nuestra conciencia queda limpia y nuestro espíritu en calma, facilitándonos con esa pequeña aportación que nos justifiquemos el resto del año cada vez que apartemos la mirada ante alguien que veamos dormir en la calle, o cuando cambiemos de canal para no ver a los niños famélicos de África o una patera hundiéndose en el mar, llena de PERSONAS que huían de países en los que ya no se puede vivir.

Por eso, aunque no soporte la Navidad, aunque me traiga recuerdos amargos y me cause taquicardias cada vez que tengo que pensar en los regalos, aunque me haga pasar ratos de auténtica tristeza y melancolía, aún así, a la vista de todo lo que podemos hacer los seres humanos por los demás en estas fechas, yo me pregunto

¿POR QUÉ NO SERÁ NAVIDAD DURANTE TODO EL AÑO?

 

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Acerca de Chema Montorio

Facilito el Autoconocimiento personal para impulsar los cambios, personales y profesionales. Mi pasión es contribuir a que afloren los verdaderos potenciales de las personas y transformar la oscuridad en la que viven en luz, con la que ayuden a brillar a más personas.
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