“Memento mori”: recuerda que eres mortal

Memento mori

Cuando perdemos de vista que, ante todo, somos personas con el mismo valor como tales que cualquier otro ser humano, estamos pisando un terreno peligroso… para los demás y también para nosotros.

En los desfiles triunfales de los antiguos romanos, tanto los emperadores como los generales victoriosos eran seguidos por unos servidores que sujetaban una corona de laurel sobre sus cabezas, mientras repetían la frase “memento mori” (“recuerda que eres mortal”), en un intento de que “no se les subieran los humos a la cabeza”.

Desgraciadamente, en nuestra vida cotidiana no tenemos a nadie que nos siga por la calle con una corona de laurel o que nos recuerde de vez en cuando, en casa o en el trabajo, que no somos dioses sino humanos y que, como tales humanos, ni lo sabemos todo (por muy expertos que seamos en algo) ni somos infalibles; siempre podemos equivocarnos, por muchos conocimientos o experiencia que tengamos.

Memento mori era una fórmula que pretendía sembrar la semilla de la HUMILDAD en aquellos que, por sus hazañas o por sus cargos públicos, podían llegar a sentirse demasiado superiores al resto de los ciudadanos.

Otra cosa muy distinta es que esa semilla lograra germinar…

El sentirse con unas cualidades superiores o con ciertos derechos sobre otras personas es algo que puede causar consecuencias desagradables en los demás (manipulación, presión, sumisión, expolio…), pero también puede volverse contra uno mismo, en forma de rechazo, pérdida de confianza o, directamente, de enfrentamiento.

¿Cuántos ejemplos hay de artistas, políticos, deportistas, empresarios, etc., que han caído en desgracia entre la gente por haberse convertido, a ojos de los que antes les idolatraban, en seres prepotentes, en manipuladores o en simples delincuentes para su propio beneficio?

Todos podríamos decir unos cuantos nombres ¿verdad?

Esas personas llegan a creerse que “merecen” todo lo que desean, ya sea material o emocional (por ejemplo, influencia sobre las voluntades de los otros), justificándolo en la creencia de que si los demás les siguen es porque obtienen algo que solo ellos les pueden dar, por tanto, su percepción es que son diferentes -y mejores- que el resto de los mortales; por eso, cualquier idea o argumento que defiendan debe ser percibido por el resto como algo totalmente irrefutable.

Una pregunta que me he hecho a veces, cuando he detectado alguno de estos casos, es si realmente esas personas SON como se muestran en esos momentos (con suficiencia, prepotentes, egocéntricos…) o como eran antes: personas “normales” que tenían alguna cualidad o  habilidad especial que era atractiva para los demás.

Y aquí es donde entra en juego un argumento en el que creo firmemente y que utilizo en mis formaciones: las personas NO SOMOS de una u otra manera -siempre-, sino que cambiamos algunos rasgos de nuestro comportamiento en función de las circunstancias que vivimos en cada momento.

Es lo que podemos llamar la diferencia entre SER de una determinada manera o ESTAR en un momento dado de esa manera, pero sin que eso comporte que antes se haya sido igual o que se pueda seguir siendo así en el futuro. Incluso se puede actuar de un cierto modo con unas personas y de otro distinto con otras, en el mismo momento.

Me parece que, si lo vemos como la posibilidad de adoptar diferentes roles -aunque alguno de ellos sea desagradable-, se podrá entender mejor este punto.

Tener consciencia de este hecho nos puede ayudar a varias cosas:

  • Culpabilidad-manosA relativizar. Quitar valor tanto a la “importancia” de algunas personas como a la supuesta “insignificancia” de otras. En un momento dado todos podemos estar arriba, pero también abajo poco después, y viceversa

 

  • A no juzgar a los demás por los simples hechos que veamos en la actualidad. Todos tenemos un pasado, para bien o para mal, y ese pasado puede volver a nosotros y marcarnos en los momentos más insospechados.

 

  • Nos puede ser útil para aprender. Constatar en los demás estos cambios de comportamiento nos pueden servir para mirarnos a nosotros mismos y analizar si nos ocurre lo mismo a veces, o con ciertas personas, con lo que podremos corregir lo que creamos que no es adecuado.

Yo mismo descubrí, con una gran sorpresa por el elevado autoconcepto que tenía de mí mismo, que sentía una cierta superioridad respecto a las personas a las que intentaba ayudar como voluntario en una fundación solidaria.

Por suerte, al cabo de un tiempo de comenzar mi voluntariado, me di cuenta que me situaba en un plano superior a ellos por el hecho de no ser un refugiado o de tener algo más de “cultura” que aquellas personas que habían venido de lejanos países (en busca de una vida mejor), o que habían estado en prisión durante varios años, la mayoría de ellos con dramáticas trayectorias personales detrás.

Esa toma de consciencia me provocó una gran mejora de mi actitud: me hice más empático y aprendí a mirar en el interior de aquellas personas, más allá de lo que era su opaca superficie, para descubrir lo mucho que tenían para dar a los demás, como confiabilidad, cariño, paciencia, escucha, apoyo, resolutividad, compromiso, ingenio, etc., además de muchas habilidades y conocimientos que podían ser más útiles en ciertos entornos que la mejor de las carreras universitarias que tenemos en nuestro país.

Y no solo eso, también aprendí mucho de sus historias de vida, durisimas en la mayoría de casos.

Estas personas, que pasan desapercibidas para la mayoría de nosotros, pueden darnos grandes lecciones de solidaridad, de entrega a los demás, de sabiduría emocional, de creatividad, de cómo aprovechar al máximo los recursos que tengamos…

Cualquiera de ellas podría ser catedrática en resiliencia o en superación personal y, por encima de todo, la lección más importante que aprendí -y que sigo aprendiendo hoy en día- es la HUMILDAD, asignatura en la que, aun suspendiendo a veces, he mejorado muchísimo gracias a estas personas.

Quiero acabar con lo que, para mí, es un gran proverbio:

“Nunca se es demasiado grande para aprender,

ni demasiado pequeño para enseñar.”

Prepotencia e inteligencia

 

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Acerca de Chema Montorio

Facilito el Autoconocimiento personal para impulsar los cambios, personales y profesionales. Mi pasión es contribuir a que afloren los verdaderos potenciales de las personas y transformar la oscuridad en la que viven en luz, con la que ayuden a brillar a más personas.
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5 respuestas a “Memento mori”: recuerda que eres mortal

  1. Me gustó tu reflexión, gracias Chemita.

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