Cuando atacan lo que amamos

ira

El hecho de amar es algo por lo que los humanos no solamente disfrutamos sino que también sufrimos.

Y es así porque, de otra manera, no valoraríamos bastante aquello que amamos, simplemente porque al tenerlo no nos damos cuenta de lo mucho que significa para nosotros.

Esto me ha pasado hace unos días cuando leí, en un importante periódico, un artículo en el que se ridiculizaba y denigraba -en un intento más que nefasto de hacerlo en clave de humor- a una institución de la que formo parte desde mi juventud, gracias a  la que he vivido momentos de mi vida verdaderamente extraordinarios y en la que he conocido a personas de una gran calidad humana.

Me refiero a la Tuna, de la que soy un orgulloso miembro veterano de la antigua Tuna de Aparejadores de Barcelona.

Como digo, a veces tenemos que sentir dolor para darnos cuenta de la magnitud que alcanza nuestro amor por algo o por alguien, lo cual muchas veces ocurre demasiado tarde ya que ese dolor puede venir por la pérdida definitiva de eso que amamos.

Por eso creo que debemos dedicar parte de nuestras energías a disfrutar más y mejor de lo que queremos y, cuando se trate de personas, a hacerles saber lo que sentimos por ellas, para que ese amor no se vaya un día sin que hayamos podido disfrutar al máximo de él.

A continuación adjunto un texto que escribí en relación a ese artículo y a mis impresiones (y de la gran mayoría de mis compañeros de diferentes tunas) de lo mucho que se puede dañar a una profesión que admiro sobremanera, como es el periodismo, cuando se permite publicar en los medios a personas que no son lo bastante conscientes del daño que pueden hacer con sus palabras.

¡Ojalá que aprendamos a valorar más todo lo que amamos!

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Cuando se confunde “columnista” con “calumnista”

He leído con cierto estupor, y más tristeza aún, cómo una persona que tiene el privilegio de publicar sus artículos en un periódico de alcance estatal, y que además fue profesor de periodismo en una universidad internacional, utilizaba el poder mediático que confieren las páginas de un diario para intentar denigrar a toda una institución centenaria como es la Tuna, además de hacer comentarios ofensivos sobre otros colectivos como son las mujeres y los estudiantes universitarios.

Este 28 de noviembre el Sr. Joaquín Luna, en su columna de la sección de Opinión de La Vanguardia, escribía un artículo (que no pienso denominar “periodístico” porque sería ofender a los miembros de esta profesión) en el que bajo el título “¿Hay que acabar con las tunas?” hacía gala de uno de los peores estilos que un profesional de las letras puede usar: el de la calumnia barata, soez y sin más fundamento que, posiblemente, alguna desgraciada experiencia personal con miembros de la tuna que, como él mismo dice en el texto, debieron traumatizarle en tiempos pasados.

No estaría invirtiendo mi tiempo en escribir al respecto si no fuera porque considero una grave falta de criterio por parte de La Vanguardia, periódico que leo por la diversidad de opiniones que expone, el hecho de publicar artículos de este tipo, aunque sea en la sección de Opinión, puesto que para ejercer la libertad de expresión con “opiniones” personales de este tipo existen otros canales que considero más adecuados, como son los blogs o las páginas web privadas, y no los medios de comunicación con un alcance  e influencia mediática tan importantes como la prensa diaria.

Joaquín Luna, articulista que por su trayectoria parece buscar la polémica fácil (puede que por aquello de “que hablen mal de mí, pero que hablen”) creo sinceramente que no hace honor a su profesión de periodista cuando no solo menosprecia a los miembros de un colectivo —la Tuna— del que forman parte muchísimos  profesionales de todas las ramas de las ciencias, las artes y las letras de nuestro país, algunos de ellos con reconocimiento nacional e internacional, sino que también insulta a las mujeres atribuyéndoles la función de “reclamo” para incentivar el voto de los estudiantes en las elecciones al rectorado de la Universitat de Barcelona (a otras las llama directamente “bobas” en su artículo) y también a los universitarios actuales tachándolos poco menos que de irresponsables y borrachos.

Al leer este compendio de insensateces, por calificarlas de una forma suave, he sentido auténtica indignación por todo el daño que este mensaje puede ejercer con sus frases envenenadas y soeces en todo aquél que lo lea: unos por sentirse ofendidos y otros por ver reforzadas sus enfermizas ideas machistas o intolerantes, respecto a la diversidad de opiniones, de los que no piensan como ellos.

Incluso en un indescriptible gesto de mal gusto, que podría hasta incurrir en un delito de incitación al odio y a la violencia, Joaquín Luna escribe lo siguiente, haciendo referencia a otro posible reclamo para la participación electoral de los estudiantes: “Prometo colgar del mástil del edificio central al tuno dicharachero…”

En honor al fomento de una verdadera y sana libertad de expresión me hubiera parecido totalmente razonable que el autor del artículo hubiera expresado su opinión en contra de la tuna, puesto que sobre gustos no hay nada escrito, pero desde el respeto y la responsabilidad que todo verdadero profesional del periodismo debe mantener cuando utiliza los medios de comunicación de masas para expresar sus ideas.

Definitivamente, creo que los responsables de los medios de comunicación tienen la obligación de velar para que la información que difundan al resto de la población sea de la máxima calidad y rigor, incluso cuando se trate de opiniones personales que se quieran expresar en clave de humor, de lo contrario estarán favoreciendo que columnistas que no dominen el arte de la sátira o la ironía, confundan los términos y se conviertan en meros “calumnistas”, haciendo un flaco favor al periodismo en particular y a la sociedad en general.

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Acerca de Chema Montorio

Facilito el Autoconocimiento personal para impulsar los cambios, personales y profesionales. Mi pasión es compartir lo que aprendo para que afloren los verdaderos potenciales de las personas y transformar la oscuridad en la que viven en luz, con la que ayuden a brillar a muchos más...
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