La buena vida

Envejecer juntos

Ayer cumplí 51 años.

Como me dijo mi hija “ahora sí que ya tengo medio siglo” porque he traspasado la puerta de los 50; hasta ayer aún estaba en el umbral.

Por suerte para mí esto no representa ningún trauma, pero muchas personas lo viven de forma diferente  y se me ha ocurrido escribir sobre ello.

Desde que era pequeño he escuchado opiniones diversas respecto al hecho de cumplir años:

“uffff, ya soy un año más viejo.”

“Ya me queda un año menos de vida.”

“Tengo un año más de experiencias vividas.”

“Soy un año más sabio.”

“Creo que voy a empezar a quitarme años en lugar de añadirlos.”

Hay para todos los gustos.

La realidad es que la vida avanza inexorablemente, como un reloj con su casi perfecta maquinaria, hasta que un día ese reloj se detiene… para todos.

Lo que marca cómo vivamos nuestra vida no es ni el dinero que tengamos, ni nuestros orígenes, ni las limitaciones con que nos toque vivir; eso son circunstancias que muchas personas comparten y que, sin embargo, tienen resultados diferentes para muchas de ellas.

Lo que dirigirá nuestra vida en un sentido o en otro es, realmente, la actitud que tengamos ante la propia vida.

Hay personas que viven permanentemente con miedo, ya sea a la muerte, al fracaso, al rechazo, etc.; todo lo hacen con temor a que sea la causa de ese momento tan poco deseado. Ese miedo perpetuo no les deja disfrutar de los momentos y las circunstancias que les rodean o de las que podrían vivir, simplemente porque lo único que perciben son constantes peligros y, también, el miedo que —paradójicamente— les quiere salvar de ellos.

Esquí de riesgoOtras personas, en el polo opuesto, viven como si no fueran a ver el siguiente día, con una voracidad desbocada por disfrutar y experimentar todo aquello que puedan vivir, sin mesura ni equilibrio. Estas personas realmente vivirán mucho más que las primeras, pero también se perderán cosas importantes porque, es tan grande su deseo de vivir cada momento con absoluta intensidad, que dejan de lado situaciones y personas que les podrían aportar cosas tan grandes como momentos de silencio o de reflexión interior, con los que podrían descubrir la esencia de otros mundos que nunca conocerán, posiblemente más profundos que el que viven.

También están las personas que, simplemente, pasan por la vida de puntillas, sin hacer ruido y casi sin dejar testimonio de su presencia en el mundo. Son las que se dejan arrastrar por la corriente, sin tener en ningún momento el control de sus vidas, sino que viven lo que los demás quieren que vivan. Estas personas conocen el mundo prácticamente a través de los ojos de los demás, de aquellos que los quieren hacer “a su imagen y semejanza”, sin contar con sus verdaderos deseos y necesidades.

Durante mi “época oscura” yo fui uno de estos últimos. Fue tal mi anulación personal en aquellos años que mi cerebro, en un intento por salvaguardar mi cordura, borró de mi memoria la mayor parte de los recuerdos de aquella etapa —incluyendo la infancia de mis hijos—, época en que yo no supe disfrutar de mi familia ni ellos pudieron disfrutar de mí, de la persona que soy realmente quiero decir.

Puede que por esto ultimo yo esté buscando constantemente, desde que empecé mi gran cambio personal, la manera de apreciar mejor todos los momentos que vivo, ya sean buenos o “menos buenos”, porque he aprendido que de todo aquello que vivimos podemos extraer grandes aprendizajes que nos ayudarán a disfrutar de otros momentos mejores.

La vida pasa, para unos rápidamente y para otros más despacio, pero creo que lo importante es, precisamente, que no la dejemos pasar sin más, sino que la exprimamos hasta la ultima gota para poder decir, en nuestro ultimo momento, que ha valido la pena vivirla.

Para mí, la buena vida es la que me permite conocer nuevas personas continuamente, con las que puedo compartir tanto aventuras emocionantes, y vivir apasionadamente, como disfrutar de hermosos silencios o de luminosas puestas de sol. Es aquella en la que hay tiempo para todo, con emociones alegres que me hacen saltar o gritar y también tristes, que me permitan interiorizar más y descubrir mundos ocultos, como el de mi propio ser.

CariciaLa vida digna de ser vivida es, para mí, la que me sorprende continuamente con nuevos retos y, a la vez, la que me permite disfrutar de una caricia o una mirada en la que puedo encontrar toda la paz perdida durante años de incertidumbre.

Esta vida, la buena vida, es la que me hace aprender de aquel al que creía que yo estaba enseñando algo, y la que me permite mostrar a los demás todo aquello de lo que soy capaz porque me siento fuerte y seguro para hacerlo, sabiendo que el camino para llegar hasta allí pasa por sufrir muchas caídas, pero también incontables oportunidades para levantarme de nuevo… un poco más sabio.

La buena vida es aquella en la que, aunque me arrepienta de haber hecho algunas cosas, o de no haber hecho otras, siempre encuentro algo de lo que sentirme orgulloso.

Para mí, una vida que vale la pena haber vivido es la que me ha servido para dejar alguna huella en los que se quedarán cuando yo me vaya. Y no me refiero a haber hecho grandes obras ni a que alguien pueda encontrar una placa con mi nombre en algún monumento, sino a las semillas que he podido dejar a mi paso entre mis hijos, alumnos, familiares, amigos, compañeros o, incluso, entre desconocidos a los que en algún momento les haya podido aportar algo valioso para ellos.

Eso es como ser un poquito inmortal ¿no crees?

Esto es para mí tener una buena vida.

¿Y para ti, ya lo has pensado?

Si no te lo has planteado aún, hazlo; piensa en qué consistiría una buena vida para ti porque, pensándola, ya la estás creando…

Amanecer en el mar

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Acerca de Chema Montorio

Facilito el Autoconocimiento personal para impulsar los cambios, personales y profesionales. Mi pasión es contribuir a que afloren los verdaderos potenciales de las personas y transformar la oscuridad en la que viven en luz, con la que ayuden a brillar a más personas.
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2 respuestas a La buena vida

  1. Comparto todas y cada una de tus palabras. Pero sobre todo, el que vivir una buena vida significa “permanecer” en otros cuando nos hayamos ido. Dejar una semilla que contribuya a que cada uno de los que nos recuerden sea un poco mejor.
    Me ha encantado!!

    • ¡Muchas gracias por tu comentario, Ana!
      Me alegro que compartas mi opinión y que te haya gustado el artículo.
      Cada uno tenemos nuestra forma de ver las cosas y creo que puede ser util, para algunas personas, compartir esas impresiones y vivencias ¡te aseguro que para mí lo es!
      Un abrazo.

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