La confianza: base fundamental para el crecimiento

Confianza-apoyo

Hace unos días tuve una larga conversación con una de las personas más comprometidas en ayudar a los demás que conozco. Todo un regalo.

Después de compartir nuestras propias experiencias, en cuanto al trabajo para acompañar a otras personas en su camino de mejora personal, llegamos a coincidir en un mismo argumento: el punto de apoyo fundamental que se necesita para conseguir que una persona se desarrolle plenamente es

la confianza.

Si no confiamos plenamente en el otro y en su potencial, no habrá método, terapia, recurso o formación algunos que sean realmente útiles o duraderos para facilitar que la otra persona realice los cambios que le ayuden a mejorar y a desarrollarse, ya sea personal o profesionalmente; y no solo a nivel individual sino también en las empresas, en la familia o en cualquier otro entorno.

He conocido a muchas personas que se encontraban prácticamente anuladas por no creer en sí mismas, personas cuyo único objetivo era sobrevivir con cualquier tipo de trabajo no cualificado porque pensaban que no estaban capacitadas para nada más.

Esas mismas personas, al cabo de un tiempo de trabajar sobre sus competencias y potenciales –gracias a creer sinceramente que los tenían- no solo han comenzado a mejorar a todos los niveles (emocional, intelectual e, incluso, físicamente) sino que hasta se han dedicado a ayudar a otras personas realizando voluntariados que incluyen tareas formativas, prueba irrefutable del aumento de su autoconfianza y de su autoestima.

Estoy convencido que el hecho de creer en los demás es fundamental para que las personas puedan recuperar su autoconfianza y, con ella, la dignidad y la seguridad en sí mismas que necesitan para crecer y avanzar en sus vidas.

¿Cómo se pierde la confianza en uno mismo?

Entre las diferentes causas que hay para ello, como los miedos que cada uno desarrollamos por diferentes motivos durante nuestra vida o las expectativas que nos creamos y que no llegan a verse cumplidas, hay una causa que suele ser muy común a la mayoría de las personas que viven esta limitante circunstancia: se trata de lo que los demás podemos hacer, consciente o inconscientemente, en detrimento de la confianza del otro.

Me explico.

Ya sea de niños o de adultos, todos estamos influidos, en mayor  o menor medida, por lo que los otros piensen de nosotros y en su forma de tratarnos. Estoy hablando tanto de acciones claramente negativas (desautorizar, descalificaciones, etc.) como de otras aparentemente positivas, como es el proteccionismo, que si sobrepasa ciertos límites puede llegar a “castrar” emocionalmente a la persona que lo recibe.

Ante esto habrá quien dirá: “pero uno debe ser lo suficientemente fuerte para no dejarse influenciar por los demás y mantenerse firme en la valoración de sí mismo”. Y es cierto, solo que en muchos casos eso no ocurre, sobre todo cuando esas circunstancias negativas que he comentado anteriormente las vivimos de pequeños, etapa en que se forma realmente nuestra personalidad.

En mi caso yo viví todo eso de niño, el pack completo, con graves consecuencias en mi vida de adolescente y también de adulto. Puede que por eso comprenda tan bien este tema, o eso creo.

Durante mi infancia soporté continuas descalificaciones de mi padre en diferentes aspectos, lo que me llevó a sentirme humillado en muchas ocasiones y a dejar de creer en mis capacidades.

Mi padre no confiaba en mí porque me exigía un nivel demasiado alto para un niño en cosas como el razonamiento rápido o las manualidades (él era un auténtico “manitas” en todo) o porque yo era un negado para los deportes que él creía que debía practicar, sin tener en cuenta mis características físicas o mis propios gustos personales.

Todo esto hizo que él se sintiera decepcionado hacia mí y, por lo que en psicología se llama la profecía autocumplida, o Efecto Pigmalión, yo dejé de desarrollar una serie de habilidades, porque creí que no estaba capacitado para ellas.

Elefantes encadenados

Por otro lado, y estoy convencido que con la mejor de las intenciones,  mi madre quiso compensar esta influencia negativa de mi padre con una sobreprotección ante el resto de “peligros” de mi entorno, lo que no me permitió desarrollarme al mismo ritmo que la mayoría de los niños, a nivel emocional y de recursos personales.

Estas circunstancias, y la inseguridad y falta de autoconfianza que me crearon, modelaron mi vida desde la niñez a la época adulta, hasta que llegó un momento que comencé a buscar ayuda psicológica para mejorar una vida en la que no era feliz. Entonces fue cuando encontré una excelente psicóloga-coach que me supo ayudar porque, desde un principio, sentí que ella SÍ QUE CREÍA en mi verdadero potencial.

Esto último, el hecho de que una desconocida creyera y confiara en mí, es lo que me lleva a pensar que confiar en el otro no depende en absoluto de conocer a la persona, sino que solo depende de

CREER en las personas.

Todas las personas, por definición, somos seres capacitados para aprender y desarrollarnos, cada uno a su ritmo y según sus características, pero TODOS, incluso aquellos que llamamos “discapacitados”, tenemos grandes capacidades con las que contribuir a nuestro propio desarrollo personal y al de los que nos rodean.

Los humanos, no lo olvidemos, somos una especie que necesitamos del grupo para sobrevivir. No se puede menospreciar a ninguna persona por el simple hecho de que no la podamos ver como nosotros querríamos que fuera.

Debemos permitir a los demás que nos muestren de lo que son capaces, con confianza y respeto, sin castigar sus fallos sino premiando sus intentos y potenciando sus aprendizajes, solo así lograremos que lleguen a brillar con su auténtica luz, la misma que también nos iluminará más a nosotros.

Si los demás crecen, nosotros creceremos con ellos.

Ayudarnos, ayudando.

¿Hay algo que reconforte más que ésto?

Por cierto, con 47 años descubrí que yo también soy un “manitas”, simplemente mi padre no tuvo la suficiente paciencia, ni confianza en mí, para dejar que se lo demostrara…

 

 

 

Anuncios

Acerca de Chema Montorio

Facilito el Autoconocimiento personal para impulsar los cambios, personales y profesionales. Mi pasión es contribuir a que afloren los verdaderos potenciales de las personas y transformar la oscuridad en la que viven en luz, con la que ayuden a brillar a más personas.
Esta entrada fue publicada en Ejemplos reales, Estado emocional, Inspiración, Reencontrarse, Ser mejores, Yo mismo y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s