¡Emprendimiento sí, esclavitud no!

Emprendedor-esclavo

Por mi experiencia laboral, de más de 20 años en una pequeña empresa propia, emprender va estrechamente unido a conceptos como: sufrimiento, incertidumbre, gran responsabilidad, falta de estabilidad, esfuerzo/sacrificio, reciclaje obligado, competitividad, desilusiones, desengaños, pérdida de vida familiar y social (por lo menos al principio),…

Estas solo son mis propias impresiones sobre mi experiencia como  emprendedor, digamos, “industrial”, ahora soy un emprendedor del sector social. Entiendo que habrán emprendedores que se identificarán con algunas de estas vivencias y otros lo habrán sentido de manera diferente a mí.

Evidentemente el emprendimiento no es una actividad solo con una parte difícil, o negativa, según se mire; también puedo –y quiero- hablar de experiencias muy positivas como las que tienen que ver con libertad, independencia, desarrollo personal, aprendizaje, creatividad, aventura, relaciones humanas, superación, inteligencia, auto-conocimiento, crecimiento profesional, descubrimiento, energía, emoción, etc.

Las dos partes (positiva y negativa) forman un TODO y no se puede pasar por alto la negativa, poniendo nuestra atención solamente en la positiva, porque entonces, sencillamente, nos estaremos engañando a nosotros mismos. Lo negativo, o menos positivo, también forma parte de la realidad del emprendedor.

¿Cómo se puede seguir adelante con un proyecto en el que pueden haber tantos sinsabores o peligros?

Emprendedor, flechas subir-bajar

La respuesta está en la MOTIVACIÓN.

En mi artículo anterior comenté la necesidad de estar bien motivado para llegar a emprender con éxito, y recalco la palabra “bien” expresamente.

Cuando empecé mi negocio mi mayor motivación era la de ser mi propio jefe, para tener derecho a decidir y, además, me ilusionó mucho la idea de crear algo nuevo.

Evidentemente el factor económico es muy importante, no lo niego, y el cubrir nuestras necesidades de supervivencia tendría que ser una motivación más que suficiente para avanzar y superar los obstáculos, pero somos humanos, no robots, y si esa motivación no va acompañada de un cierto porcentaje de satisfacción personal se puede convertir en una carga demasiado pesada en los momentos difíciles y que, como fue mi caso al cabo de unos años,  te puede  arrastrar al desánimo y a la desesperación.

Recordad que todo lo que estoy escribiendo son mis propias vivencias, que pueden no coincidir en absoluto con las de otras personas en circunstancias similares.

Mi intención no es desanimar a posibles emprendedores, sino poner a la vista lo que no se suele explicar para ayudar a que, los que lo intenten, lo consigan sin tener que pagar un precio demasiado alto, sobre todo a nivel personal.

En mi caso los problemas surgieron cuando perdí la ilusión por lo que estaba haciendo, llegando a sentirme un esclavo de mi propio negocio.

Esto ocurrió porque las circunstancias me habían sobrepasado, al no estar respetando los límites que me había impuesto para mantener una mínima coherencia entre mi vida profesional y la personal, que incluye la parte familiar y social que le da sentido a la vida de casi toda persona. Al dedicar prácticamente  todo mi tiempo al trabajo, por una simple cuestión de búsqueda de resultados económicos, me olvidé del resto de mi vida y el negocio dejó de tener alicientes para mí.

Entonces fue cuando dejé de creer en mi proyecto de emprendimiento.

Me sentía como un empleado más de mi propia empresa, pero con los problemas y responsabilidades de un empresario: empleados, proveedores, pagos, compromisos comerciales, deudas, problemas fiscales y de funcionamiento, etc.

Cuando el que emprende lo hace plenamente convencido de que es lo que realmente quiere hacer, sin sentirse obligado a ello por una cuestión puramente económica sino porque da salida a su pasión o porque le permitirá alcanzar una meta superior,  entonces esa persona tendrá una gran probabilidad de éxito ya que conseguirá cosas tan importantes como conciliar lo personal con lo profesional, mantener una buena actitud y la creatividad necesarias para superar las situaciones difíciles y, además, tener una gran energía positiva que se contagiará a las personas que estén a su alrededor.

Esta energía es la que necesita todo emprendedor para conseguir un negocio de éxito y mantener las ganas de levantase cada día para ir a trabajar porque, sencillamente, no le parecerá que se trate solo de un trabajo, sino de algo que le dé un mayor sentido a su vida.

En resumen:

Debemos EMPRENDER para ser los dueños de nuestra vida,

no  el empleado de uno mismo ni el esclavo de un negocio.

Relax-montaña

Si piensas que este artículo le puede aclarar las cosas a alguien que esté pensando en emprender, por favor, ¡compártelo!

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Acerca de Chema Montorio

Facilito el Autoconocimiento personal para impulsar los cambios, personales y profesionales. Mi pasión es contribuir a que afloren los verdaderos potenciales de las personas y transformar la oscuridad en la que viven en luz, con la que ayuden a brillar a más personas.
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