“¿Para qué…?”: la potencia de una pregunta

david-verde-duda

Cuando comencé a formarme en las técnicas de Coaching  me di cuenta de las grandes herramientas que pueden llegar a ser las preguntas, que son uno de los pilares fundamentales de esta disciplina.

Las preguntas no solo nos ayudan a pensar, sino también a rebuscar recuerdos y argumentos en nuestro interior más profundo, en base a las experiencias que hemos ido adquiriendo con el tiempo: nuestras propias experiencias y vivencias.

¿Por qué recalco esta ultima frase?

Porque las preguntas adecuadas nos llevarán al terreno de lo auténtico en nuestro Yo, de nuestra esencia, no a lo que hemos ido integrando a base de las creencias o vivencias de otras personas y que, en muchos casos, incluso nos hayan hecho un flaco favor en nuestras vidas.

Desde pequeños vamos modelando nuestra personalidad y formas de conducta en función de todo aquello que los demás, con toda su buena intención la mayoría de las veces, nos inculcan “para nuestra protección o seguridad”, además de los aprendizajes que hacemos por nosotros mismos.

Cuando no utilizamos las preguntas de forma eficiente -me refiero siempre en cuanto a aspectos de nuestro auto-conocimiento- las respuestas provienen normalmente de nuestra mente, de nuestra parte racional, que es la que tiene en cuenta todos los aprendizajes que hemos ido realizando, tanto los únicamente propios como los asimilados de terceras personas (creencias, consejos, advertencias, etc.).

En esta situación estamos desconectados de nuestra parte emocional, solo pensamos, no sentimos, o muy poco, y no le estamos dando voz a lo que nuestro verdadero interior siente, aquello que realmente deseamos o necesitamos para ser totalmente coherentes con nosotros mismos, con nuestra auténtica forma de ser, pensar y sentir.

De las muchas preguntas que nos podemos hacer para conocernos mejor, para orientarnos y saber hacia dónde queremos ir realmente en nuestra vida hay una que, para mí, es especialmente potente y útil:

¿Para qué…?

Normalmente estamos acostumbrados a buscar el “por qué” de las cosas, las causas que originaron un hecho; algo que nos puede ser útil en muchos casos para aprender a actuar de otra forma, si los resultados no han sido buenos para nosotros, pero esta pregunta es muy limitada ya que la respuesta tiene que ver con el pasado, con algo que, si se repite en el futuro, puede que no ocurra de la misma forma.

En cambio, si nos preguntamos “¿Para qué ha ocurrido esto?” estamos trabajando sobre nuestro presente, que es el único tiempo en que podemos ocuparnos de una manera realmente útil de nuestra vida, incluso con una mirada hacia el futuro pero desde el ahora, donde está todo aquello de lo que podemos disfrutar e intentar modificar para tener un futuro mejor, aunque éste sea siempre incierto.

Cuando nos preguntamos el por qué de las cosas nos podemos incluso atormentar con remordimientos inútiles, culpabilizándonos por no haber actuado de otra manera y sin que ello nos aporte nada positivo. En lugar de eso, cuando nos preguntamos para qué  habrá ocurrido aquello, nos estamos situando en un plano mucho más positivo porque la pregunta está orientada hacia la motivación que puede haber detrás de aquel hecho; motivación que podremos no entender en ese momento pero que, si estamos abiertos a observar y a aprender, en muchísimos casos nos llegará a sorprender gratamente.

Un rayo de esperanzaPreguntarnos para qué nos abre la puerta a la esperanza, en lugar de situarnos en el victimismo cuando se trata de un hecho doloroso o preocupante, y nos ayuda a ver nuevas alternativas, tanto si lo que nos ha ocurrido es negativo como positivo; la pregunta sirve para todo tipo de circunstancias.

No quiero caer en la generalización o en la vanalización de las situaciones de la vida, evidentemente no todas las circunstancias tienen una respuesta a esta pregunta, posiblemente porque no la haya o, de haberla, no sea algo que dependa de nosotros. Un ejemplo de esto sería la muerte dramática o prematura de un ser querido, ante esto es muy difícil que podamos obtener ninguna respuesta que nos sirva de ayuda, ni en el presente ni en el futuro.

Para ilustrar lo que quiero decir en este artículo voy a utilizar la experiencia real de un buen amigo, al que llamaré Ismael (un nombre ficticio) ya que no le he pedido permiso para utilizar este ejemplo.

Ismael estaba saliendo de una etapa muy dolorosa de su vida, en la que había perdido muchas de las cosas que para él eran importantes (trabajo, esposa, la confianza de amigos e incluso de familiares,…), cuando sufrió un accidente que le obligó a estar inmovilizado en casa de sus padres una temporada, haciendo reposo absoluto, justo cuando había vuelto a hacer deporte -una actividad que para él era muy importante y que había abandonado por no tener un buen estado de ánimo- y cuando la vida parecía que le volvía a sonreír, haciendo que tuviese de nuevo vida social y muchas actividades de todo tipo.

Ante esta situación Ismael se derrumbó, se sintió la víctima de un destino cruel que jugaba con su vida y que no le permitía “levantar cabeza” después de haber pasado por situaciones muy dolorosas en las que había sufrido importantes pérdidas.

Al cabo de unos días se obró lo que parecía un milagro: los que éramos sus amigos pudimos ver la fotografía de un Ismael sonriente, aún convaleciente y sin salir de casa, con un mensaje en el que decía que “ya sabía para qué había tenido aquel accidente y que se sentía agradecido por ello”.

¡Parecía increíble que alguien pudiera dar las gracias por haberse roto algún hueso!

Lo que ocurrió fue que Ismael se dio cuenta, precisamente por estar varios días sin poder hacer todas aquellas actividades que estaba haciendo en esa época, de lo mucho que se estaba perdiendo de su vida actual por no buscar momentos para la reflexión y la observación de lo que tenía en su entorno  más cercano.

Durante los días que estuvo casi inmóvil en su cama recibió montones de llamadas y mensajes de ánimo de muchísimas personas que realmente le apreciaban, y en las que él posiblemente no había reparado con la suficiente atención. Además, también recibió los cuidados de sus padres, cosa que les ayudó a sentirse útiles de nuevo para uno de sus hijos, con lo que su estado de ánimo mejoró durante aquellos días, obviamente teniendo en cuenta que el estado de su hijo no revestía ningún peligro y que la curación sería completa.

Ser consciente de lo importante que era para muchas personas le causó a Ismael un estado de ánimo muy pro-activo que, seguramente, contribuyó a otra de las cosas positivas de aquella situación: poder reflexionar mucho mejor sobre cuál quería que fuera su futuro. Antes del accidente había llegado a ocupar su tiempo con infinidad de cursos y formaciones de diferentes disciplinas, en una búsqueda casi desesperada de la mejora personal y laboral. Con todos aquellos cursos y nuevas experiencias en diferentes direcciones estaba dispersando totalmente sus esfuerzos, sin poner el foco en un objetivo medianamente claro.

Auf dem WegAl tener tanto tiempo para reflexionar pudo aclarar sus ideas, definir mejor hacia dónde quería ir y lo que quería hacer en la vida, con lo que pudo tomar una serie de decisiones que, a día de hoy, le han llevado a reorientarse en un camino que le está dando muchas satisfacciones, mayor serenidad y nuevos compañeros de viaje.

El ejemplo de Ismael es solo uno de los muchos que podría explicar aquí para fundamentar el hecho de que todo pasa PARA algo, no solo por algo. Podría incluso relatar ejemplos de personas que, después de ver truncadas sus vidas por situaciones muy graves, se han dado cuenta que el destino les estaba dando una segunda oportunidad para dejar atrás una vida sin sentido, vivida a 1000 por hora, en la que se estaban perdiendo lo que realmente era importante.

¿Para qué…?

… es  una pregunta que podemos hacernos en situaciones de nuestra vida cotidiana, no es necesario que busquemos hechos tan dramáticos como los que he comentado, sino que, cuando nos veamos desbordados o apesadumbrados por algo negativo que nos haya pasado (problemas en el trabajo, con los amigos, un grifo que se estropea y nos ayuda a ver lo “manitas” que somos realmente, …) nos preguntemos cuál es el motivo de que estemos viviendo eso o, simplemente, pensemos que alguna motivación habrá para ello, con lo que dejaremos de sentirnos mal y pasaremos a la acción para resolverlo con un mejor ánimo, que es lo que realmente nos ayudará en ese momento; después ya nos daremos cuenta de para qué nos ocurrió aquello, os lo aseguro.

Ahora os podéis preguntar:

¿Para qué he leído yo hoy este largo artículo?

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Acerca de Chema Montorio

Facilito el Autoconocimiento personal para impulsar los cambios, personales y profesionales. Mi pasión es compartir lo que aprendo para que afloren los verdaderos potenciales de las personas y transformar la oscuridad en la que viven en luz, con la que ayuden a brillar a muchos más...
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