SER o ESTAR, he aquí la cuestión

hamlet

De pequeño, mi padre me decía que yo era un torpe y que no sabía hacer nada con las manos. Hoy hago, para mí y para otras personas, montones de reparaciones y trabajos manuales creando cosas útiles a partir de meros desechos.

Mi exmujer me llamaba “egoísta” (realmente quería decir “egocéntrico”, pero es muy habitual confundir estos términos). Actualmente hay personas que me agradecen el hecho de pensar mucho en los demás.

Hay quien me ha recriminado el hecho de “no saber amar” y, en cambio, otra persona me llama “el amor de su vida”.

A veces me han tachado de falso y, por otro lado, me han dicho que yo nunca podría mentir porque se me notaría en seguida.

En mi adolescencia se reían de mi ingenuidad y ahora me alaban por dar un voto de confianza a los demás, sobre todo a personas necesitadas de sentir esa confianza para rehacer sus vidas.

Durante mi infancia y juventud fui bastante solitario, por sufrir complejos de inferioridad y de falta de popularidad pero, ahora en la madurez, he conseguido diversos logros que me han llevado a ser el nexo de unión entre muchas personas.

Y así podría continuar llenando varias páginas con inacabables contradicciones.

¿Con cuáles de todas estas afirmaciones tengo que quedarme?

¿Cómo SOY YO realmente?

¿Soy el ser torpe, solitario, impopular, falso y sin corazón que algunas personas me han dicho —o me han hecho sentir—  o, por el contrario, soy amoroso, hábil, sincero, sociable y todo lo demás que me dicen otras?

Difícil coyuntura es ésta…

Cuando NO nos conocemos lo bastante a nosotros mismos tendemos a dar excesivo crédito a lo que dicen de nosotros ciertas personas a las que, ya sea por factores como la edad o por otros motivos, les otorgamos el “poder especial” de ETIQUETARNOS.

Esto suele empezar de pequeños, cuando no nos han estimulado adecuadamente para que conozcamos nuestros verdaderos potenciales  y, por el contrario, nos bombardean continuamente con frustrantes COMPARACIONES entre nosotros y otras personas catalogadas “de éxito”, ya sean familiares, amigos, educadores, compañeros, etc., que se desempeñan bien en algún ámbito de su vida.

Cuando una persona aún no se ha formado su propia visión de QUIÉN y CÓMO ES realmente, de cuáles son sus OBJETIVOS y sus GUSTOS, es muy fácil que se sienta mal ante lo que otros consideran que son fracasos y, si esto se repite en el tiempo, lo más habitual es que se generen frustraciones y CREENCIAS LIMITANTES por pensar realmente que somos todo lo mediocres que otros nos quieren hacer creer que somos.

angel-demonio

Es lo que se llama la profecía autocumplida,  de la que ya hablé en otro artículo.

Considero que una de las mayores responsabilidades de los que somos padres es, precisamente, ayudar a nuestros hijos a conocerse mejor  y a saber qué quieren en la vida, a tener un criterio propio respecto a lo que les afecta y a ser capaces de defenderlo ante los demás por su propio convencimiento de que es lo mejor para ellos, al ser un signo de COHERENCIA PERSONAL.

Aquello que pensamos que es mejor para los demás son razonamientos hechos en base a nuestras propias creencias y vivencias, pero no nos damos cuenta que esas otras personas van a tener, seguramente, otras experiencias y puntos de vista que les van a hacer vivir OTRAS REALIDADES distintas a las nuestras, iguales de ciertas todas ellas -para cada uno- pero, al mismo tiempo, completamente distintas.

Volviendo a mi caso particular, y utilizando una mirada lo más amplia posible ante la coyuntura que he planteado, debo decir que la única solución que encuentro a esa disyuntiva es que yo NO SOY realmente de una manera en concreto sino que, en cada momento de mi vida, posiblemente haya ESTADO o ESTÉ SIENDO de una forma u otra: torpe, hábil, falso, sincero, sociable, huraño, etc.

Esto no se trata de una teoría mía sino que otras personas, como el filósofo alemán Martin Heidegger, también creen o han creído en ello, de lo que surgió su Teoría existencialista en la que sostiene que

“el SER alude a la esencia de la persona, a su cualidad de humano que le da vida y el ESTAR es la manera en que se ubica y posiciona en este mundo, su estilo de vida, sus acciones y modo de relacionarse con los demás. ambos van juntos en la práctica, solamente en la teoría pueden ser descritos por separado”.

Lo que creo interesante, más allá de las teorías filosóficas, es el hecho de comprender que todos nosotros podemos ser de una forma u otra en cada momento (”estar”) dependiendo de infinidad de factores (estado emocional, circunstancias externas…) pero que eso no significa en absoluto que SIEMPRE tengamos que estar así —que SEAMOS así definitivamente— sino que  podemos comportarnos de manera diferente siempre que creamos que hacerlo de ese modo es SER COHERENTES  con nosotros mismos, con lo que sentimos y deseamos en ese momento, independientemente de lo que digan o piensen los demás sobre nosotros o respecto a lo que sea mejor para nuestra vida.

El auto-concepto, lo que nosotros pensemos y, sobre todo, sintamos respecto a nosotros mismos es lo que nos tiene que importar de verdad, al fin y al cabo.

Si nos sentimos bien con nuestra forma de actuar y de pensar nos daremos cuenta, aunque ahora nos parezca extraño, de que aquello que piensen los demás de nosotros es únicamente RESPONSABILIDAD SUYA y dependerá de SUS creencias y de SUS vivencias, por tanto,

¿debemos permitir que algo que solo depende de los demás

nos afecte en nuestra vida?

Autoconcepto

 

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¡Sí, se puede!

ROMPE-CADENAS-CLAVE-PARA-LOGRAR-EL-EXITO-PERSONAL-Y-PROFESIONAL
Hola a tod@s.
Hace algo más de cinco años tomé la decisión de dejar mi empresa, una organización que no me aportaba prácticamente nada, ni a nivel personal ni tampoco económico.
La dejé para hacer algo con mi vida que me ayudara a sentirme útil para los demás, aunque no sabía qué podía ser.
Yo no tenía ninguna formación académica, ni dinero, pero empecé a asistir a cursos subvencionados sobre Coaching, PNL, Inteligencia emocional, Liderazgo, Formación a formadores,…, y coordiné durante dos años talleres de coaching para personas con pocos recursos económicos.
En ese tiempo colaboré, junto a personas con potenciales y actitudes increíbles, en la creación y desarrollo de una plataforma cívica para ayudar a desempleados (NoSomosParados), comencé un voluntariado para ayudar a personas en riesgo de exclusión social, en la Fundació Servei Solidari, y trabajé de lo que pude, después de pasar casi dos años sin empleo.
Un buen día mi camino me llevó a encontrar un proyecto de personas que creen en las personas, no en las titulaciones, y entré en el programa “Líderes mediadores y mediadoras”, de la Fundació Universitat de Girona, gracias al cual, personas sin recursos podrían realizar el Postgrado de Mediación comunitaria y Resolución de conflictos públicos.
Y hoy, poco más de cinco años después de haber tomado aquella drástica decisión, quiero compartir con vosotros el momento en que este pasado viernes di mi primera formación como docente de ese mismo Postgrado universitario de Mediación comunitaria y Resolución de conflictos públicos, en la especialidad de Mediación penitenciaria.
Y lo hago para que aquellas personas que estén en situaciones parecidas a las que yo he vivido, y que piensen que solo salen adelante los que tienen dinero o “buenos enchufes”, puedan ver que no es así, que SE PUEDE cambiar la vida que uno tiene y mejorarla, siempre que realmente creamos en nosotros mismos y en que queremos hacer ese cambio.
Muchos han dejado de creer en ellos porque los demás también lo han hecho, pero eso se puede revertir y solucionar, pidiendo ayuda si es necesario cuando no nos vemos capaces de hacerlo por nosotros mismos.
¡Yo también la necesité!
Quiero aprovechar esta ocasión para expresar mi profundo agradecimiento a TODAS LAS PERSONAS QUE ME HAN AYUDADO en este camino, y que lo siguen haciendo día a día, cada uno con lo mejor que tiene para mí: apoyo, cariño, fantásticas intenciones, amistad, profesionalidad, dedicación, sabiduría, amor, recursos económicos, contactos, confianza, humanidad, ejemplo,… y un largo etcétera.
Pedir ayuda, o aceptarla con gratitud cuando nos la ofrecen, es un gran ejercicio de fortaleza y humildad que no tiene que confundirse en absoluto con un signo de debilidad.
A todas esas personas: ¡MIL GRACIAS!
Espero saber corresponder como se merecen todos los que me han ayudado y han creído en mí, ayudando yo también a otros que lo necesiten.
Sed felices y, sobre todo, ¡sed lo que realmente queráis ser!
Un abrazo enorme.
¡SÍ, SE PUEDE!
Foto 1ª formación en la UdG, Mediación penitenciaria, 19-5-17
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¿Puede sernos útil el sufrimiento? (II)

Desplazados guerra Kosovo

Hoy quiero aportar otra “utilidad” que puede tener el sufrimiento para las personas pero, para ello, necesito crear un contexto.

¿Qué hay de todos los que sufren situaciones totalmente injustas a manos de otros seres humanos, simplemente por cuestiones políticas, religiosas o de pura ambición?

¿Tiene todo ese sufrimiento algún sentido?

Evidentemente no tiene ninguna justificación posible, desde el punto de vista ético o humano pero, aún así, ocurren.

Y, cuando eso pasa, cuando se producen situaciones de ese tipo -también con las que no son tan dramáticas- hay algo que puede salvar a las personas del desánimo y ayudarlas a que las soporten mejor: encontrar un sentido en medio de todo ese dolor y desconcierto, una motivación que les lleve a querer superar de tal manera ese duro trance que nada ni nadie consiga doblegarlos.

Podemos pensar en lo que dijo Nietzsche:

“Lo que no nos mata, nos fortalece.”

Esta frase es la que muchas personas, en situaciones extremas, han adoptado como un credo y se puede aplicar también en nuestra vida cotidiana, sin necesidad de hablar de situaciones enormemente traumáticas.

Todo aquello que supone un reto para nosotros, o un “problema” si lo vemos como algo negativo, realmente son oportunidades para darnos cuenta de lo mucho que valemos en la vida y de todos los recursos personales con los que contamos; recursos que, muchas veces, están ocultos hasta para nosotros mismos.

ComodidadesEl hecho de tener una vida “relativamente fácil”, si la comparamos con las duras condiciones en que vivían la mayoría de nuestros antepasados, o en las que viven hoy en día muchísimas personas, es la causa de que no tengamos que ejercitar muchas de nuestras habilidades, simplemente porque no son necesarias ya que en nuestro entorno se nos dan muchas cosas resueltas, normalmente a cambio de dinero.

Esa es una de las causas de que sepamos tan poco sobre nuestros verdaderos potenciales y recursos personales, de que nos conozcamos a un nivel muy superficial.

Ya hablé anteriormente en este blog de un hecho que, por lo valioso que es, merece Viktor Franklser recordado. Me refiero a la dramática experiencia del psiquiatra austríaco Viktor Frankl, que fue prisionero en dos campos de exterminio nazis durante la II Guerra Mundial, por el hecho de ser judío.

Este hombre perdió a toda su familia en aquellos terribles campos de concentración pero consiguió sobrevivir hasta el final de la guerra, explicando después cómo lo había conseguido: ni más ni menos que utilizando esa terrible experiencia para desarrollar una nueva corriente de la psiquiatría con la que, también hoy en día, se consigue sanar a muchos pacientes: la logoterapia, un método terapéutico basado en encontrar un sentido en la vida de las personas que sufren graves trastornos emocionales y que pueden derivar, incluso, en enfermedades mentales.

Él tuvo la suerte de hallar ese sentido en su vida para luchar por sobrevivir y no dejarse morir, como desgraciadamente les pasó a muchos de sus compañeros de cautiverio.

Frankl descubrió, con la observación de lo que ocurría en aquellas “fábricas del horror”, que la supervivencia de los prisioneros no dependía de su forma física o del trato que recibieran (salvo en los casos de agresión física o asesinato) sino que la diferencia radicaba en si existía o no alguna motivación en su interior para continuar con vida. En muchos casos, el único motivo que les ayudaba a sobrevivir era la esperanza de volver a ver a sus familiares algún día, en otros se trataba, por ejemplo, de poder acabar algún tipo de obra o trabajo (sobre todo intelectual o científico) que estuvieran realizando antes de su detención.

DesesperanzaLa teoría de V. Frankl se veía confirmada cuando, con el paso del tiempo, comprobaba que muchos de los prisioneros que se enteraban de la muerte de sus familiares, simplemente, se dejaban languidecer hasta morir, sin que hubieran sufrido ningún cambio en el trato recibido por sus carceleros. La única diferencia significativa que Frankl pudo constatar en ellos era que habían dejado de luchar por la vida, al perder la única motivación que les daba fuerzas para ello.

He querido recordar la historia de este brillante terapeuta porque nos da la clave de lo que quiero comentar en el artículo, cuál es la segunda “utilidad” del sufrimiento:

Afrontar el sufrimiento también nos ayuda a conocernos mejor a  nosotros mismos, nuestros potenciales y recursos personales, dejando brillar lo poderosos que somos como seres humanos.

“Si quieres, puedes.”

Es así de cierto, de sencillo… y de contundente.

Así como lo contrario también es igualmente verdadero:

“si realmente no estás dispuesto a esforzarte para conseguirlo, no lo vas a poder lograr”, sea lo que sea…

Por eso es importante encontrar un sentido a lo que hacemos y a lo que vivimos, aunque sean circunstancias que nos reporten un sufrimiento, ¡porque en esos momentos es cuando más podemos aprender de nosotros mismos y aprovecharlo para mejorar!

mandela-10Otro ejemplo de personas que sufrieron mucho y lograron cambios muy positivos en sus vidas, con un gran impacto para millones de personas, es el de Nelson Mandela, que salió de la cárcel -tras una condena de 27 años y otros anteriores de persecución policial- para convertirse poco después en presidente de su país, Sudáfrica, en el que consiguió la abolición del apartheid, de forma pacífica y sin venganzas por parte de la población negra que había sido oprimida y marginada por los blancos durante décadas.

Mandela, que había sido un joven muy impulsivo y reaccionario en diferentes aspectos, aprovechó sus años de penosa e injusta reclusión para sacar a la luz lo mejor de sí mismo: cualidades como la templanza, la capacidad de perdonar sinceramente (con el corazón, no solo con la razón) a los que le habían encarcelado y la de practicar el diálogo positivo para conseguir lo que parecía impensable hasta entonces: acabar con un injusto régimen segregacionista de más de 80 años de duración ¡sin derramar una sola gota de sangre!

Este es solo un ejemplo pero hay muchos más a lo largo de la Historia,  también de personas anónimas que consiguieron grandes logros a niveles menos mediáticos, por eso, no debemos escuchar a nuestros “saboteadores mentales” cuando nos intenten confundir diciéndonos que todas esas personas eran superdotadas, o que tuvieron mucha suerte o que habrían sido “iluminadas” milagrosamente.

Para acabar, quiero dejar claro que el sufrimiento no es algo que debamos buscar en sí mismo (eso podría ocasionarnos consecuencias y trastornos muy desagradables), ni siquiera con la finalidad de conocer mejor nuestras capacidades, sino que debemos aceptarlo cuando aparece y buscar todo lo positivo que nos pueda aportar, lo que nos situará en el estado emocional adecuado para soportar mejor lo negativo que haya en él porque, como dijo alguien:

“la vida es una dura escalada,

pero las vistas valen mucho la pena”

¿No lo crees así?

Cumbre montaña

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¿Puede sernos útil el sufrimiento? (I)

lagrima

¿Tienen sentido el dolor y el sufrimiento?

Generalmente no entendemos por qué debemos sufrir ni para qué lo hacemos,  ¿qué sentido hay en que lo pasemos mal en la vida?

Esta duda es una de las más compartidas en nuestra cultura occidental, en la que se tiene un concepto del placer y del bienestar que excluyen totalmente al sufrimiento, ocultándolo a nuestra consciencia e intentando que no nos afecte.

¡Pero el efecto que eso nos causa es exactamente el contrario!

Al intentar evitar el sufrimiento y toda mención a él, también estamos evitando aprender sobre ello y a estar preparados para recibirlo, lo que es algo totalmente inevitable para nosotros en un momento u otro, exactamente igual que lo que pasa con la muerte, a la que también intentamos ocultar en nuestras vidas.

Como digo, esto prácticamente solo pasa en la cultura occidental porque en la gran mayoría de culturas del mundo –también en las que no han sobrevivido hasta nuestros días– no solo reconocen a la muerte y al sufrimiento como algo que forma parte de la vida de todas las personas, sino que lo hacen sin resquemor ni  infundiendo miedo hacia ellos, sino aceptándolos sinceramente como algo inherente a la vida humana y preparando a las personas para su     –ineludible– encuentro con ellos.

De estas culturas podemos aprender mucho, en cuanto al sentido que pueden tener el dolor y el sufrimiento para nosotros.

Como decía Epícteto (filósofo griego del s. I):

«No pretendas que lo que sucede suceda como quieras,

sino quiérelo tal como sucede, y te irá bien.»

¿Acaso alguien, que sea minimamente realista, puede pensar que su vida llegue a estar completamente libre de todo tipo de sufrimiento?

Tierra, noche y díaNo hablo de que tengamos que ser pesimistas ni que debamos caer en ningún victimismo, sino de que veamos la vida tal y como es, un cúmulo de situaciones y circunstancias en las que nos encontraremos absolutamente de todo: alegría y tristeza, funcionalidad y casos disfuncionales (para no caer en los juicios de “lo que está bien o mal”), amor y desengaño, pasión y apatía, confianza y traición, abundancia y restricciones, libertad y control,…, y así un enorme abanico de conceptos opuestos entre sí que abarcarían todos los ámbitos del ser humano, hasta llegar a los más absolutos que serían los de la vida y la muerte.

Todas esas contraposiciones forman parte de nuestras vidas ¡para todo el mundo!

¿Cómo sabríamos lo que es bueno para nosotros si no tuviéramos conocimiento de lo que nos hace daño, para poder comparar sus características?

¿Por qué disfrutamos tanto de las vacaciones, sobre todo los que no son felices en sus trabajos, si no es porque las comparamos con lo que viviremos cuando se nos hayan acabado?

El gran problema de los que vivimos en esta cultura, que rehúye del sufrimiento como de la peste, es que, al no querer reconocer y aceptar su existencia, tampoco sabemos valorar realmente lo que vivimos cuando no sufrimos o sentimos dolor.

Voy a poner un ejemplo que puede parecer tonto pero que creo que no lo es.

Recuerdo que años atrás cortaron el suministro de agua en una zona de mi barrio para hacer unas reparaciones  importantes. En aquella época no había ascensor en nuestra finca, por lo que todo lo que necesitábamos en casa teníamos que subirlo a mano por las escaleras, hasta el tercer piso.

Cuando cortaron el agua, durante un par de días, fue cuando me di cuenta de la gran suerte que tenía al disfrutar de la comodidad de tener toda el agua que necesitara en mi casa ¡simplemente abriendo un grifo! sin tener que ir a buscarla a la fuente ni acarrearla escaleras arriba, como tuve que hacer durante esos días, al no poder almacenar en casa toda la necesaria para beber y para la limpieza e higiene.

¿Había pensado alguna vez en lo afortunado que soy al tener esa gran comodidad que, para millones de personas en el mundo, es totalmente impensable y les ocasiona enormes esfuerzos en su vida cotidiana?

Acarrear agua en AfricaRotundamente, no.

Lo cual contribuye a que tampoco haya disfrutado conscientemente, durante toda mi vida, de algo que para muchas personas representa un auténtico lujo, digno de reyes.

El tener que sufrir la incomodidad de acarrear el agua hasta mi casa fue lo que me hizo valorar, y disfrutar más, el hecho de tener toda la que necesitaba al alcance de la mano habitualmente.

En este caso, como en otros muchos, sin el sufrimiento no hubiera tenido tampoco el posterior disfrute.

Podemos aplicar este mismo argumento a la mayoría de situaciones que nos ocurren: valoramos el estar sanos cuando caemos enfermos, echamos de menos tener pareja cuando la perdemos, nos damos cuenta de lo que queríamos a un familiar o a un amigo cuando se muere,…

Por tanto,

el sufrimiento es útil para disfrutar más de

todo lo bueno que tenemos en la vida.

La gran pregunta es ¿por qué necesitamos del sufrimiento para valorar más todo lo bueno que tenemos?

La respuesta la he dado unos párrafos atrás: en general, pasamos por la vida por inercia, sin aplicar la consciencia a lo que hacemos o sentimos.

No somos suficientemente conscientes de nuestra propia vida.

No ponemos la consciencia en la mayor parte de las cosas que hacemos, decimos o pensamos sino que todo eso, en gran parte de nuestra día a día, ocurre de forma automática debido a formas de actuar que hemos ido integrando por creencias y aprendizajes adquiridos durante los años.

Por lo tanto tenemos dos opciones: o aprendemos a ser más conscientes en nuestra vida o tendremos que aceptar el sufrimiento como algo que nos ayuda a tomar consciencia, “a la fuerza”, de todo lo que no somos capaces de valorar por nosotros mismos.

Pero ¿solamente podemos encontrar este sentido en el sufrimiento?

No, también tiene otra utilidad para nosotros, pero eso lo dejaré para el siguiente artículo.

Intentaré no haceros sufrir demasiado con la espera…

paciencia

 

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Sacar a la luz lo que permanece oculto

arqueologia

¡Qué maravillosa misión es esa!

Contribuir a que el mundo vea algo que se encontraba escondido, enterrado bajo tierra… o en el corazón de una persona, que a veces suele ser lo mismo.

Nuestro corazón puede ser como la montaña que oculta en su seno los diamantes y piedras preciosas más bellas del mundo: capas y capas de materiales que no dejan ver, ni a su propio dueño, todo lo de valor que hay en él.

Para descubrir toda esa belleza interior a veces hay que excavar poco a poco, ahondando con paciencia y empeño, hasta llegar al verdadero filón que se encuentra en la esencia de cada uno y que permanece escondido a nuestra propia consciencia, en ocasiones durante toda una vida ¡pero que está ahí!, esperando a que lo encontremos para enseñárselo orgullosos al resto del mundo.

Howard Carter descubrió la tumba de Tutankamón, con los ricos tesoros que siguen deslumbrando aún hoy en día a quien los observa.

Machu Picchu, Petra, Babilonia, las pirámides de Egipto, Stonehenge,…, todas ellas son joyas antiguas que ahora contemplamos con admiración pero, ¿qué hay de quienes las crearon? ¿de todas aquellas personas que dieron lo mejor de sí mismos (fuerza, creatividad, ingenio, perseverancia,…) para modelar y reunir tanta belleza que, siglos después, consideramos como auténticas maravillas del mundo?

Dentro de cada persona se encuentran las verdaderas Corazón con manosjoyas de la Humanidad, y todos los que contribuyen a que esas maravillas afloren a la luz son auténticos privilegiados al conseguirlo, aunque sea una sola vez en su vida.

Mentores, psicólogos, coaches, formadores, entrenadores, médicos, terapeutas, amigos, parejas, familiares y, simplemente, PERSONAS que lo dan todo para que otros sean conscientes de quiénes son en realidad, de todo el potencial que tienen dentro suyo para explotar y disfrutar, para dar y merecer, para amar y ser amados por cómo son y no por cómo querrían los demás que fueran; todas esas personas que contribuyen a que los demás puedan conocerse mejor son los auténticos descubridores del más importante tesoro del mundo: ¡el verdadero corazón de un semejante!

De pequeño yo quería ser arqueólogo y de mayor mi sueño es ayudar a los demás, ahora sé que esos dos propósitos van de la mano y forman uno solo que, para mí, ¡es la mejor misión del mundo!

¿Cuál es la tuya?

misión-de-vida

 

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Parar, respirar, escuchar…

Intuición 

Pararse, a veces, es necesario.

Rebajar el ritmo frenético que llevamos en nuestro día a día nos puede ayudar a recuperar la serenidad, cosa que necesitamos para reenfocarnos en la dirección correcta y así poder continuar con nuestra vida de forma más útil, para nosotros mismos y para los demás.

Lo malo es que este concepto de “pararse” no está bien visto en nuestra sociedad, en la que se suele entender la quietud como un sinónimo de vagancia, de miedo o de incompetencia.

Hace unos años asistí al interesantísimo taller de un conocido coach holandés, especializado en motivación y “activación” personal, y hoy me ha venido a la mente una impactante historia personal que nos explicó.

Él nos contó que, tiempo atrás, había dejado de trabajar como directivo en una empresa porque no se sentía bien con aquel trabajo, que no le llenaba a nivel personal y solo le daba beneficios económicos.

Durante un tiempo estuvo buscando otro empleo pero, cuando sus ahorros se fueron reduciendo drásticamente, empezó a desesperarse al no encontrarlo.

Esto no constituía ninguna sorpresa para mí porque, en aquel momento, yo llevaba varios meses también en búsqueda de empleo y conocía la sensación en primera persona de ser un desempleado sin recursos.

Lo que llamó mi atención, y rescato ahora para escribir este artículo, fue lo que nos dijo respecto a lo que hizo en un momento dado, cuando más agobiado se sentía.

Para nuestra sorpresa, aquel coach reconocido internacionalmente que había ayudado tanto a personas como a empresas a alcanzar el éxito, nos confesó que lo que le ayudó a encontrar la dirección que le hizo cambiar y mejorar su vida fue, simplemente…

¡Pararse!

mar-rumorolas

Apartó de su pensamiento lo que el mundo le decía que “debía hacer” (conseguir un trabajo para poder pagar las facturas y ser un ciudadano normal, aunque posiblemente infeliz) para crear un espacio de calma, escuchar a su interior y comprender lo que realmente “quería hacer” con su vida, que era dedicarse a ayudar a otras personas para que también encontrasen el objetivo vital que les hiciera más felices, cosa que realiza felizmente desde entonces y con notable éxito.

Este es un ejemplo de alguien que ha alcanzado notoriedad pero ¡hay tantas personas que han mejorado sus vidas después de pasar por un período de calma “forzada” por ellos mismos! incluso enfrentándose a la opinión de muchos de los que les rodeaban, como fue mi propio caso.

El proceso no es automático, hay que hacerlo de forma consciente y, para mí,  consta de tres fases principales:

  1. Parar
  2. Respirar
  3. Escuchar

Parar, respirar y escuchar son tres sencillas acciones que todos estamos capacitados para hacer, aunque la sociedad no nos lo ponga fácil, es cierto.

Parar no quiere decir literalmente abandonar todo movimiento para dedicarse a la “vida contemplativa”, como hacen los ermitaños o los gurús espirituales. “Parar” significa dejar de actuar por inercia o, como diría mi compañera en unas formaciones que realizo, “dejar de correr como un pollo sin cabeza”, sin un rumbo ni objetivos claros.

A veces conllevará una cierta falta de actividad física, pero puede tratarse de un corto período o, incluso, de un tiempo que nos marquemos dentro del resto de actividades diarias y que, si respetamos con rigor, nos dará muchos beneficios. Podemos aprovechar este tiempo para hacer meditación, yoga o, simplemente, para pasear o sentarnos tranquilamente donde nos encontremos bien y relajarnos, alejando las preocupaciones y lo que tanto nos agobia.

RespirarCuando hayamos encontrado este espacio de tranquilidad, lo siguiente que debemos hacer es respirar, simplemente, pero de forma consciente, llevando toda nuestra atención a esa cotidiana acción que realizamos de forma automática.

Al respirar hay que notar qué es lo que se mueve en nuestro cuerpo: el pecho, el diafragma o el abdomen para aquellos que sepan hacer la respiración abdominal, muy recomendable para relajarse aún más.

Al concentrarnos en la respiración ayudaremos a nuestro cerebro a abandonar los pensamientos que nos molestan y a alejar de nosotros el “ruido” que nos envuelve, no solo los sonidos del ambiente (tráfico, obras en la calle, vecinos, etc.) sino, lo que es aún más importante, aquellas voces que no dejan de resonar en nuestro cerebro diciéndonos que debemos enviar currículums constantemente, que las facturas no se pagan solas, que debemos cambiar algún hábito, etc.; todo eso que ya sabemos y que, en estos momentos, no nos ayuda en absoluto para conseguir la calma que necesitamos.

Y, por último, debemos escuchar.

Esto, aunque aparentemente es tan sencillo, suele ser lo que más cuesta de este proceso, porque se trata de escuchar-nos, de poner atención en lo que nuestro interior nos está gritando desde hace tiempo y que nosotros, seres que hemos descuidado nuestra parte emocional con los años, hemos dejado no solo de “escuchar” sino, incluso, simplemente de oír a nivel más superficial.

Voz interior

¿Cuándo fue la última vez que hicimos caso a alguna intuición espontánea que tuvimos? ¿Podemos recordar ese momento?

Hacer este ejercicio nos servirá para darnos cuenta de en qué consiste esto de “escuchar” a nuestro interior. Se trata de captar y valorar la primera idea o sensación que surge y que nos provoca algún movimiento a nivel de vibración interna, ya sea positiva (señal de que es lo que queremos realmente) o de rechazo.

En términos de Inteligencia emocional, a identificar estas sensaciones se le llama resonar.

Como bien dice el refranero: “la primera intención es la que vale” y es muy cierto, porque esa intuición (también llamada corazonada) es la que surge de nuestro interior, que es donde reside nuestra auténtica sabiduría, la de cada uno.

Nadie mejor que nosotros sabe realmente lo que nos conviene de verdad para ser felices, lo que pasa es que nuestros miedos, inseguridades y creencias limitantes muchas veces nos juegan una mala pasada y no nos dejan aceptarlo y actuar en consecuencia, o ni siquiera escucharlo.

Yo también he tenido que parar durante una temporada de escribir en este blog, porque tuve que dedicar mis energías a otras cosas que mi interior me decía que necesitaba para mejorar mis expectativas de futuro.

Y ahora ¿os apetece escucharos más a partir de ahora?

Os animo a hacerlo.

Voz interior, M. Gandhi

 

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Alejandro Gómez Gómez: su historia

La siguiente carta de un joven que sufrió acoso escolar, escrita para ayudar a los que lo sufren hoy en día, es digna de ser leída y compartida.
Nadie tiene ningún derecho sobre los demás por absolutamente ningún motivo.
Y, como se dice en la carta: la responsabilidad del acoso está más compartida por padres y enseñantes de lo que solemos pensar.
¡Todos somos diferentes! y por eso también somos especiales y dignos de respeto por los demás.

Bailar bajo la lluvia

20170206_092137

Carta de un alumno de 1º de Integración Social del Colegio San José de la Guía que ha decidido contar su historia para sensibilizar sobre el acoso escolar y visibilizar la diversidad:

“Ha llegado el día en el que quiero desnudarme, dejar todo aquello que cubre mi cuerpo encima de la verdad y mostrarme tal y cómo soy, sin más.

Las decisiones requieren tiempo, tanto tiempo como despojarse de lo que pesa, de lo que estorba, de lo que molesta… Pudiera parecer que el tiempo es nuestro enemigo, pero no lo es. A veces, se vuelve compañero de viaje, aliado de la razón, socio de un futuro tan incierto cómo prometedor… Y mientras me voy deshaciendo de la ropa vieja, de los trapos rotos, el tiempo se encarga de tapar las cicatrices de unas heridas que ya no duelen, pero que sólo yo he vivido, que sólo yo noto.

Y…

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Cuando atacan lo que amamos

ira

El hecho de amar es algo por lo que los humanos no solamente disfrutamos sino que también sufrimos.

Y es así porque, de otra manera, no valoraríamos bastante aquello que amamos, simplemente porque al tenerlo no nos damos cuenta de lo mucho que significa para nosotros.

Esto me ha pasado hace unos días cuando leí, en un importante periódico, un artículo en el que se ridiculizaba y denigraba -en un intento más que nefasto de hacerlo en clave de humor- a una institución de la que formo parte desde mi juventud, gracias a  la que he vivido momentos de mi vida verdaderamente extraordinarios y en la que he conocido a personas de una gran calidad humana.

Me refiero a la Tuna, de la que soy un orgulloso miembro veterano de la antigua Tuna de Aparejadores de Barcelona.

Como digo, a veces tenemos que sentir dolor para darnos cuenta de la magnitud que alcanza nuestro amor por algo o por alguien, lo cual muchas veces ocurre demasiado tarde ya que ese dolor puede venir por la pérdida definitiva de eso que amamos.

Por eso creo que debemos dedicar parte de nuestras energías a disfrutar más y mejor de lo que queremos y, cuando se trate de personas, a hacerles saber lo que sentimos por ellas, para que ese amor no se vaya un día sin que hayamos podido disfrutar al máximo de él.

A continuación adjunto un texto que escribí en relación a ese artículo y a mis impresiones (y de la gran mayoría de mis compañeros de diferentes tunas) de lo mucho que se puede dañar a una profesión que admiro sobremanera, como es el periodismo, cuando se permite publicar en los medios a personas que no son lo bastante conscientes del daño que pueden hacer con sus palabras.

¡Ojalá que aprendamos a valorar más todo lo que amamos!

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Cuando se confunde “columnista” con “calumnista”

He leído con cierto estupor, y más tristeza aún, cómo una persona que tiene el privilegio de publicar sus artículos en un periódico de alcance estatal, y que además fue profesor de periodismo en una universidad internacional, utilizaba el poder mediático que confieren las páginas de un diario para intentar denigrar a toda una institución centenaria como es la Tuna, además de hacer comentarios ofensivos sobre otros colectivos como son las mujeres y los estudiantes universitarios.

Este 28 de noviembre el Sr. Joaquín Luna, en su columna de la sección de Opinión de La Vanguardia, escribía un artículo (que no pienso denominar “periodístico” porque sería ofender a los miembros de esta profesión) en el que bajo el título “¿Hay que acabar con las tunas?” hacía gala de uno de los peores estilos que un profesional de las letras puede usar: el de la calumnia barata, soez y sin más fundamento que, posiblemente, alguna desgraciada experiencia personal con miembros de la tuna que, como él mismo dice en el texto, debieron traumatizarle en tiempos pasados.

No estaría invirtiendo mi tiempo en escribir al respecto si no fuera porque considero una grave falta de criterio por parte de La Vanguardia, periódico que leo por la diversidad de opiniones que expone, el hecho de publicar artículos de este tipo, aunque sea en la sección de Opinión, puesto que para ejercer la libertad de expresión con “opiniones” personales de este tipo existen otros canales que considero más adecuados, como son los blogs o las páginas web privadas, y no los medios de comunicación con un alcance  e influencia mediática tan importantes como la prensa diaria.

Joaquín Luna, articulista que por su trayectoria parece buscar la polémica fácil (puede que por aquello de “que hablen mal de mí, pero que hablen”) creo sinceramente que no hace honor a su profesión de periodista cuando no solo menosprecia a los miembros de un colectivo —la Tuna— del que forman parte muchísimos  profesionales de todas las ramas de las ciencias, las artes y las letras de nuestro país, algunos de ellos con reconocimiento nacional e internacional, sino que también insulta a las mujeres atribuyéndoles la función de “reclamo” para incentivar el voto de los estudiantes en las elecciones al rectorado de la Universitat de Barcelona (a otras las llama directamente “bobas” en su artículo) y también a los universitarios actuales tachándolos poco menos que de irresponsables y borrachos.

Al leer este compendio de insensateces, por calificarlas de una forma suave, he sentido auténtica indignación por todo el daño que este mensaje puede ejercer con sus frases envenenadas y soeces en todo aquél que lo lea: unos por sentirse ofendidos y otros por ver reforzadas sus enfermizas ideas machistas o intolerantes, respecto a la diversidad de opiniones, de los que no piensan como ellos.

Incluso en un indescriptible gesto de mal gusto, que podría hasta incurrir en un delito de incitación al odio y a la violencia, Joaquín Luna escribe lo siguiente, haciendo referencia a otro posible reclamo para la participación electoral de los estudiantes: “Prometo colgar del mástil del edificio central al tuno dicharachero…”

En honor al fomento de una verdadera y sana libertad de expresión me hubiera parecido totalmente razonable que el autor del artículo hubiera expresado su opinión en contra de la tuna, puesto que sobre gustos no hay nada escrito, pero desde el respeto y la responsabilidad que todo verdadero profesional del periodismo debe mantener cuando utiliza los medios de comunicación de masas para expresar sus ideas.

Definitivamente, creo que los responsables de los medios de comunicación tienen la obligación de velar para que la información que difundan al resto de la población sea de la máxima calidad y rigor, incluso cuando se trate de opiniones personales que se quieran expresar en clave de humor, de lo contrario estarán favoreciendo que columnistas que no dominen el arte de la sátira o la ironía, confundan los términos y se conviertan en meros “calumnistas”, haciendo un flaco favor al periodismo en particular y a la sociedad en general.

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¡Socorro! han secuestrado la Educación

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Observando lo que está pasando a nivel mundial de los últimos tiempos, se reafirma aún más en mí la convicción de que nos encontramos ante un grave problema educacional que, desde hace años, está creando generaciones de ciudadanos fácilmente manipulables por aquellos que manejan la política y la economía.

En varios países se están imponiendo los argumentos populistas frente a los integradores, la solidaridad mundial está cayendo en picado sustituida por antiguas ideas aislacionistas y segregadoras, aumenta el racismo y la xenofobia, la desigualdad social es cada vez mayor, se alimentan de forma institucional el odio y la violencia hacia colectivos marginales y otros que habían alcanzado un cierto grado de reconocimiento por la sociedad en general,…

¿Y todo esto a cambio de qué? ¿qué es lo que está causando que se dividan cada vez más los pueblos, en lugar de unirse bajo el paraguas de la Humanidad?

Simplemente que el miedo y la desesperación dominan a millones de personas, que viven en condiciones cada vez peores siendo blanco fácil de la manipulación que ejercen sobre ellos los políticos sin escrúpulos y sus “socios” —muchos de ellos responsables precisamente de esas penosas condiciones de vida— que intoxican a los ciudadanos con discursos llenos de esperanzas de mejora a corto plazo en los que responsabilizan a las minorías de unas desgracias que, grotescamente, han creado ellos mismos al mantener en marcha un sistema de vida ruinoso (a nivel económico, social y medioambiental) que solo les reporta enormes beneficios a ellos, a costa del empobrecimiento y el desastre global.

¿Y cómo es posible que en pleno siglo XXI ocurra esto, que tantas personas se dejen manipular y engañar de una forma tan flagrante viviendo en la era de la tecnología y del acceso a la “información”?

Mi teoría es que hace tiempo que en diversos países se ha facilitado la manipulación y el control de la ciudadanía gracias a reducir la calidad de la educación a nivel estatal y de impedir la implantación de recursos educativos que fomenten el desarrollo individual de las personas.

No hace falta ir muy lejos para comprobarlo.

recortes-ensenanzaEn nuestro propio país se han “recortado” drásticamente los presupuestos en la educación pública, se han reducido el número de docentes y aumentado los ratios de alumnos en las clases, se han eliminado o reducido las asignaturas relacionadas con las Humanidades y las Artes —las que fomentan el desarrollo personal del alumno e implantan la “semilla” de la que nacen el criterio individual y el pensamiento crítico—; se han creado nuevos tipos de estudios absolutamente especializados que, en muchas ocasiones, carecen del suficiente contexto dentro del sector escogido para que el alumno (futuro profesional) se sienta convenientemente integrado en su entorno laboral sino que, para su desgracia, le convierten en un mero peón de la maquinaria empresarial con pocas posibilidades de desarrollo, a menos que realice constantemente nuevos estudios (másters o post-grados igualmente especializados), si es que tiene los suficientes recursos económicos para ello, claro.

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Esta política en Educación ha creado ciudadanos que se parecen más a meros robots que a personas librepensadoras, como hubiera sido de esperar después de las revoluciones sociales que se han vivido  en etapas anteriores.

Por eso creo que, si queremos recuperar los valores que nos permitan devolver la cordura a este mundo que parece cada vez más carente de ella, debemos hacer un esfuerzo importante para mejorar la educación de nuestros hijos y de las generaciones venideras.

Debemos educar para que los niños y los jóvenes tengan independencia de criterio, fundamentada en la información —veraz y contrastada— y en el compromiso hacia su propio desarrollo y el de su comunidad que se apoye en valores de equidad, solidaridad y compañerismo, sin dejar de lado la ambición personal pero sin que ello actúe en detrimento de los demás.

Educar para no dejarnos manipular por los que solo buscan su propio interés y el de quienes les apoyan, concretando los ideales en acciones con las que defender el derecho a una vida plena para todos.

Educar para aceptarse tal y como se es y para respetar a los demás, teniendo también su respeto.

Educar para asimilar y nutrirse de la diversidad, tanto de opinión como de capacidades, gustos o creencias.

Educar para rodearnos de personas libres de verdad, no de falsos o engañados ciudadanos de un utópico e inexistente “estado del bienestar”.

Educar educándonos, escuchando todas las voces para enriquecernos y aprender, sin querer convencer ni pensar que lo nuestro es siempre lo mejor, sino estando abiertos a nuevas ideas que se puedan sumar a las nuestras y crear algo aún mejor que lo que pensábamos.

aclamacion-hitlerEducar para aprender de la Historia y no repetir los mismos errores que se cometieron en el pasado, como puede pasar —y está pasando—  al seguir apoyando en las urnas a impresentables y vergonzantes títeres de los auténticos poderes en la sombra, aquellos que solo buscan su continuo enriquecimiento gracias al dominio socioeconómico de las masas.

Educar, en definitiva, para vivir en libertad ¡todos! y no dejarnos convencer por engañosos argumentos, mediocres y dignos de los más bajos instintos humanos, y por soluciones catastróficas que solo benefician a unos pocos y perjudican a la inmensa mayoría.

Educar a nuestros hijos es nuestra responsabilidad y si la dejamos en las manos de otros, sin ejercer control sobre ello, también será nuestra culpa el vivir cada día peor y perder todos aquellos valores y derechos por los que nuestros padres y abuelos, y tantos otros, lucharon e incluso murieron.

¿Vamos a seguir consintiendo que secuestren la educación de nuestros hijos?

“Lo que puede hacer un hombre solo directamente es poco,

pero si puede animar a diez compañeros a seguir la tarea,

habrá conseguido un gran reto.”

(Wilbur Wright, co-constructor del primer aeroplano)

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Hacer limpieza

 

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Hace mucho que no escribo en este blog, no por falta de ganas sino de tiempo e inspiración, pero algo que me ha dicho una amiga me ha hecho pensar en el título de este artículo y, de ahí a ponerme a escribir, solo ha habido un momento de indecisión.

Al decirle a mi amiga que estaba sufriendo un fuerte resfriado ella me ha dicho algo como: “ya sabes, toca hacer limpieza…”.

Con esta breve frase no se estaba refiriendo a que debía limpiar mi casa sino algo mucho más profundo.

Desde hace mucho tiempo se sabe que nuestro cuerpo reacciona de una manera u otra ante las emociones que sentimos, somatizándolas, sobre todo cuando no actuamos de forma coherente con ellas: el cuerpo nos avisa de diferentes formas (malestar, enfermedad, dolor,…), de que algo no estamos haciendo bien y de que no vamos en la dirección correcta.

Nuestro cuerpo es sabio, lástima que la mayoría de nosotros no sepamos escuchar esa sabiduría, en muchas ocasiones.

resfriadoConcretamente, respecto a las gripes y los resfriados, se piensa que en muchos casos son una manifestación corporal de que necesitamos “hacer limpieza” a nivel emocional, ya sea porque haya una situación que nos desagrade y no sepamos cómo solucionarla, porque queramos evitar un conflicto o porque nos sintamos confundidos ante algo o alguien, entre otros motivos.

Los catarros no se producen solamente en épocas frías del año, sino que estamos expuestos a ellos en cualquier momento, incluso en verano,  justificándolos entonces con la posibilidad de “recibir golpes de aire” o de tomar bebidas demasiado frías lo cual, de ser siempre cierto, tendría que provocar resfriados en la mayor parte de la población ya que las formas de actuar son muy parecidas para la mayoría de las personas coincidiendo con las estaciones del año.

Lo que sí es cierto es que la bajada de las defensas que provoca en nosotros el estar sometidos a una presión inusual, por alguna circunstancia que nos agobie especialmente, puede dejar la puerta abierta a que cualquier pequeña causa externa (una corriente de aire, mojarnos por la lluvia, una bebida fría,…) nos afecte de forma virulenta, aunque las mismas circunstancias no causen el mismo efecto en los demás.

En los siguientes enlaces se pueden leer reflexiones más detalladas sobre este tema:

http://josemanuelromerolopez.blogspot.com.es/2010/01/resfriados.html

https://www.facebook.com/note.php?note_id=233497540339

El resfriado puede ser una manifestación corporal de que algo nos está agobiando mucho (nos sentimos “hasta las narices” por algo) y de que necesitamos apartarnos de todo y de todos temporalmente para poner orden en nuestra vida, a lo cual nos ayudan los síntomas de las gripes y catarros  (estornudos, tos, mucosidad, flemas,…) que causan que los demás no quieran acercarse a nosotros por miedo al contagio y justifiquen nuestro aislamiento o incapacidad temporal para hacer “vida normal”.

Cuando la confusión y el agobio nos dominan necesitamos apartarnos de lo que las causan e, incluso, de nuestro entorno en general, para poder retraernos sobre nosotros mismos, pensar, reflexionar y tomar decisiones con mayor perspectiva y seguridad; y esos momentos de interiorización “forzada” nos los brinda el molesto resfriado, cuando no somos capaces de alcanzarlos por nosotros mismos al carecer de suficientes recursos personales en materia de gestión emocional.

Como dije antes: el cuerpo es sabio.

Podemos creer en ello o no pero, en mi caso, mi amiga me ha hecho darme cuenta que en esta ocasión puede ser así al señalarme que “tenía que hacer limpieza por algo” puesto que, inmediatamente, he identificado cuál podía ser la situación que me estaba agobiando y que no quería afrontar.

Conocer nuestro cuerpo nos ayuda a conocernos mejor a nosotros mismos y a actuar de forma más coherente respecto al conjunto formado por nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu, lo que nos da la tranquilidad y serenidad que, para los que no soñamos con tener un Ferrari en el garaje de nuestra mansión de Miami, también se suele llamar…

Felicidad.

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